Daniel Arkkan | Aleion
DESCONOCIDO

Tomé un giro cerrado a la izquierda y traté de despistar a los nuestros perseguidores. Agaché la cabeza y sentí el silbido de un proyectil mágico lanzado sobre mi cabeza.
– [Ed]No pensé que le fuera a molestar tanto a Vincent que cogiéramos un coche prestado en su mente.[/Ed] – se quejó Ed, que intentaba retrasarles con su magia, pero era difícil dar en el blanco cuando vas en un coche que parece salido de la ‘Liga de los Hombres Extraordinarios’, ascendiendo por las calles estrechas del centro de una ciudad.
Cuando observé el enorme terreno del subconsciente de Vincent, con esa enorme ciudad de marfil y los barcos surcando el cielo, no imaginé que terminaría robando un coche para atravesar la ciudad a toda velocidad y conseguir llegar al subconsciente de Mara en un barco volador que estaba a punto de irse. Ni tampoco que nos perseguirían con tanto ímpetu, pero al parecer el subconsciente de Vincent era demasiado realista.
– [Daniel]De todas las cosas raras…que nos persiga una panda de Cecils vestidos de reina debe ser lo más raro.[/Daniel] – aseguré sin volver la vista atrás. Por mucho que fueran construcciones del subconsciente, no me apetecía atropellar a nadie, no sería agradable de ver y nos detendría lo suficiente como para que nos cogieran.
De todos los coches que había para robar, tuvimos que coger el más cercano, para venir a la ciudad. Nada menos que el de un grupo de «terroristas» de Aihalia que iban de camino a hacer de las suyas. En cuanto les sacamos del coche empezaron a multiplicarse como si eso fuera Matrix y ellos Agentes.
– [Ed]Es extraño, es como si te tuviesen envidia… o quisieran algo contigo. No me queda del todo claro.-[/Ed] comentó Ed dándole de lleno a un tipo calvo que se llamaba ‘Reina‘, no recordaba mucho más, pero el nombre impactaba.
– [Daniel]Acabas de convertir este sitio en mi peor pesadilla.[/Daniel] – repliqué mirándole con el ceño fruncido. Pisé el segundo acelerador de ese cacharro, – sí, segundo, los dos pies en dos aceleradores -, y escuché un sonido de combustión antes de salir disparados en las calles serpenteantes. No dudaba que si eso no hubiera sido el subconsciente de alguien, nos habríamos estampado contra alguna pared.
– [Ed]Siempre podría ser peor. Podrían fusionarse dando lugar a un Cecil gigante.[/Ed] – sugirió Ed intentando consolarnos.
– [Daniel]Es una suerte que no vivamos en una serie mala de superhéroes.[/Daniel] – bromeé mientras soltaba el segundo acelerador un rato, el aeropuerto de la ciudad parecía estar ya cerca. El cambio de velocidad hizo que el coche se tambalease y golpeó una pared al girar hacia la derecha en una curva, dejando atrás la puerta del lado del copiloto, que tumbó una moto en la que iba subido un Cecil.
– [Ed]Para ser subconsciente esto parece demasiado real.[/Ed] – comentó Ed contemplando el hueco a su lado, donde antes estaba la puerta.
– [Daniel]Vince no miente así que su cabeza debe funcionar parecida. No me habría quejado si en vez de los Cecils nos persiguieran…no sé…Maras aunque sea…ya sabes a lo que me refiero.[/Daniel] – intenté explicar. Iba a decir Maras en bikini como una broma, pero uno pasa tanto tiempo con Diana que desarrolla un sexto sentido para las situaciones que se pueden volver contra uno. Al final Diana terminaría bromeando con que si quería ver a Mara en bikini.
– [Ed]Hubiese sido mejor… es decir, serían más tranquilas.[/Ed] – respondió Ed intentando también explicarse bien, quizá en su día no se habría quejado por las Maras en bikini, pero ahora estaba con Lucy.
– [Daniel]¿Crees que saldrá todo bien?[/Daniel] – pregunté después de unos segundos en silencio. Me refería a Mara, a si recuperaríamos a nuestra amiga a salvo. Incluso tomando la decisión correcta, teníamos que llegar a tiempo, y los médicos de los O.W.L.S. tenían que ser capaces de conseguirlo.
– [Ed]Si. Si de algo podemos estar seguro es que Sarah hará todo lo posible por salvarla.-[/Ed] afirmó Ed sin el más mínimo atisbo de duda. Asentí sin desviar la mirada de la carretera, que empezaba a equilibrarse horizontalmente hasta dejar ver una amplia zona lisa en la que un barco volador zarpaba, no muy lejos de dejar el aeropuerto atrás.
– [Daniel]Tienes razón. Y tenemos que ayudar. ¿Estás listo para saltar?[/Daniel] – dije mientras me ponía a la altura del barco y le señalaba a Ed una escala a la que podía agarrarse.
– [Ed]Esto se parece demasiado a una película de persecuciones.-[/Ed] admitió antes de saltar y agarrarse a la escala. Le apremié para que subiera algunos peldaños más y salté detrás de él.
– [Daniel]Que se lo digan a ese pobre coche.[/Daniel] – dije observando cómo se precipitaba al vacío desde lo más alto de la ciudad. Ed continuó subiendo por la escala y yo le seguí, deseando poner los pies en un sitio firme, aunque fuera parcialmente.
– [Ed]Creo que ya no nos siguen.[/Ed] – dijo cuando llegué arriba. Estaba despejado, parecía que el barco iba vacío, algo lógico si teníamos en cuenta que era el enlace con el subconsciente de Mara.
– [Daniel]Mientras no haya ninguno en el barco, todo bien.[/Daniel] – miré hacia el aeropuerto y vi a un grupo de Cecils empezar a pelearse señalando el barco, pero no tardaron demasiado en empezar a alabarse entre sí y fundirse en un abrazo grupal.
– [Daniel]¿Te parece si aprovechamos para ponernos al día con los demás?[/Daniel] – le pregunté a Ed ante la perspectiva de un largo viaje en barco volador. Hacía un buen rato que no hablaba con Sarah y ya la echaba demasiado de menos.
– [Ed]No veo porque no, aún falta para llegar hasta el subconsciente de Mara.-[/Ed] aseguró. Nos retiramos cada uno a un sitio cómodo y le vi cerrar los ojos, seguramente para contactar con Diana o MacLeod.
Cerré los ojos y pensé en Sarah para que nuestras mentes se comunicasen. Pensé en su preciosa sonrisa, en su aroma afrutado que inundaba mis sentidos cuando su melena dejaba al descubierto la lisa piel de su cuello que me hacía pensar que tenía parte de vampiro por como deseaba morderla.
– [Daniel]¿Sarah?[/Daniel] – pregunté cuando sentí esa luz, esa sensación de alivio y felicidad que me invadía con ella cerca.
– [Sarah]Hola[/Sarah].- respondió ella sonriendo. Es difícil explicar cómo sé que sonreía sin verla, pero simplemente lo sentía.
– [Daniel]Te echaba de menos. ¿Estás bien?[/Daniel] – pregunté respirando aliviado. Pasar tiempo sin ella era cada vez más una condena.
– [Sarah]Sí, estoy con Beatrix[/Sarah].- respondió, contenta. Me gustó escucharla así. Era como si nada fuese mal.
– [Daniel]¿Con Beatrix? Espera…¿esa Beatrix?[/Daniel] – pregunté preocupado. Si Beatrix estaba allí con ella, eso no podía significar nada bueno.
– [Sarah]¿Conoces otra?[/Sarah]- replicó bromeando. Estuve a punto de atravesar nuestro canal de comunicación para besarla por ser tan malditamente maravillosa.
– [Daniel]¿Y va todo bien con ella?[/Daniel] – pregunté, ya intrigado por cómo se las había arreglado para solucionar algo que parecía un gran problema.
– [Sarah]Me está ayudando a encontrar a Mara[/Sarah].- explicó sin dar demasiados detalles. Abrí los ojos, sorprendido.
– [Daniel]Si tú confías, yo confío.[/Daniel] – respondí simplemente. Sarah tenía un don para sacar lo mejor de las personas. – [Daniel]Voy en un barco de camino al subconsciente de Mara, con Ed. Te he echado de menos.[/Daniel] – admití. A veces era lo más parecido a la droga que conocería, necesitaba estar cerca de ella para que mis días fuesen algo.
– [Sarah]Abraza a Ed cuando me eches de menos[/Sarah].- sugirió con un tono divertido, intentando hacerme reír. Lo consiguió, siempre lo hacía.
– [Daniel]Ya, algo me dice que no será lo mismo.[/Daniel] – le aseguré sin dejar de sonreír. Esperaba que Ed no me estuviera viendo, con los ojos cerrados y sonriendo como un estúpido.
– [Sarah]Nos vemos pronto[/Sarah].- se despidió ella al poco. Era horrible pensar en dejar de hablar con ella, pero teníamos una misión importante y entendía el apremio por salvar a Mara y encontrar la respuesta.
– [Daniel]Ten mucho cuidado. Te quiero.[/Daniel] – me despedí sintiendo cómo se alejaba.
Poco después de terminar de hablar con Sarah, el barco comenzó a descender de forma más brusca, hasta hundir su casco en el mar. Cuando empezó a surcar el mar con la misma facilidad que antes surcaba el cielo, su velocidad aminoró, hasta detenerse en lo que parecía el puerto de una ciudad moderna, cuyo aspecto me parecía reconocer de alguna foto o algún cuadro.
– [Ed]Esto es extraño, parece el puerto de Louna.-[/Ed] reconoció Ed cuando descendimos del barco. Estábamos en el típico paseo portuario. Estaba a punto de anochecer, el sol todavía se filtraba, anaranjado, en el horizonte, como si no desease irse.
– [Daniel]El subconsciente de Mara es bastante variado.[/Daniel] – teoricé. Sarah estaba en un bosque, Diana y Cara en un castillo oscuro y antes en una ciudad. Y primero habían pasado por una zona nubosa. Todos esos fragmentos eran detalles de la personalidad de Mara. – [Daniel]Debe ser del tiempo que pasó allí. Donde Vincent y ella se conocieron mejor.[/Daniel] – añadí con una sonrisa de complicidad. Estábamos a punto de ver los inicios del Vincent/Mara. – [Daniel]Voy a consultarlo con MacLeod.[/Daniel] – le expliqué.
Me concentré y llamé mentalmente a Christopher, que se manifestó de una forma distinta, casi como si estuviera allí con nosotros. El maldito le había cogido el truco rápido. – [Daniel]¿Ves lo que veo?[/Daniel] – le pregunté.
– [MacLeod]El puerto de Louna. ¿Habéis llegado ya al subconsciente de Mara?[/MacLeod] – preguntó. Le respondí con una afirmación mientras sentía cómo lo observaba todo. – [MacLeod]Sí, ahora lo entiendo.[/MacLeod] – pensó en voz alta, o no, pero como estaba en mi cabeza, lo parecía. – [MacLeod]Sarah nos enlaza a todos con su capacidad de Elegida, pero los demás también pueden tener caminos entre ellos si la relación es muy fuerte. Esos caminos son «momentum», recuerdos importantes entre esas dos personas.[/MacLeod] – aclaró. Eso daba lugar a multitud de sendas diferentes en caso de que después no pudiéramos volver con los trenes de Sarah.
Nos despedimos de mi hermano deseándole suerte con las maletas y continuamos caminando.
– [Ed]Esto es un poco incómodo.-[/Ed] aseguró Ed al verles a los dos unos metros por delante, recorriendo juntos el paseo.
– [Daniel]Y tanto, pero vamos a tener que seguirles. Puede que ayude a Sarah con la decisión que tiene que tomar.[/Daniel] – admití sin demasiadas ganas de meterme en su recuerdo.
Ed y yo caminamos tranquilamente hasta situarnos cerca de los Vincent y Mara del recuerdo, procurando que no nos viesen, aunque no parecían hacerlo. El recuerdo seguía su curso tal y como había sido.
– [Vincent]¿Vienes de un sitio con mar no?[/Vincent] – le preguntaba Vincent después de un rato caminando en silencio. No necesitaban jurarme que a él le gustaba Mara, no había más que ver la forma en la que la miraba cuando ella no estaba observando.
– [Mara]Sí…[/Mara]- respondió con el mar reflejado en sus ojos. No sé si fui yo solo o Ed también, pero pude sentir la tranquilidad que sentía la propia Mara.
– [Vincent]Me gusta venir aquí y ver cómo anochece.[/Vincent] – aseguró apoyándose en la barandilla del paseo mientras el sol se desvanecía en el horizonte. Algo que Mara nunca habría podido ver antes de ser humana de nuevo.
– [Mara]Es un…privilegio[/Mara].- admitió ella sin más detalle. Llevaba lo que podría definirse como «la ropa de siempre de Mara». No como el vestido que la pobre se había puesto esa noche para disfrutar de una cena con Vincent, que no había podido ser por culpa de ese monstruo. Yo mismo daría cuenta de él cuando lo viese.
– [Vincent]Tienes una casa aquí cuando quieras. Me…gusta tu compañía.[/Vincent] – le ofreció con la esperanza de pasar más tiempo con ella.
Ella le miró y suspiró.– [Mara]Gracias…[/Mara] – aseguró. Vincent la observó durante un instante, mirándola a los ojos, y después desvió la mirada al mar.
Sentí una oleada de emociones en Mara, su mortalidad era todavía reciente y empezaba a ser consciente de todo lo que no podía hacer cuando era vampiresa.
– [Vincent]¿Quieres un helado de Marco’s? Hace buena noche.[/Vincent] – le preguntó Vincent evitando mirarla directamente. Parecía que él se había dado cuenta de que Mara estaba desbordada por los sentimientos y le estaba dando el espacio que necesitaba.
Ella asintió y le miró como si fuera a decir algo. Él le devolvió la mirada con cautela, para no asustarla. Era como ver un documental de National Geographic sobre el cortejo de tus amigos. Hacían muy buena pareja.
– [Mara]¿De qué…quieres el helado?[/Mara] – le preguntó ella, sonriendo ligeramente.
– [Vincent]Pistacho y nata.[/Vincent] – respondió él. Me estaban entrando ganas de comer helado, y en el subconsciente lo iba a tener difçicil. – [Vincent]¿Y tú?[/Vincent] – preguntó observándola.
– [Mara]Creo…que lo voy a pedir de turrón[/Mara].- respondió encogiéndose de hombros. Vincent sonrió abiertamente y deslizó su mano sobre la cintura de Mara por un instante, para conducirla hacia la heladería.
– [Mara]Esa mano…[/Mara]- respondió ella mirándole con una sonrisa tímida. Me sentía como un shipper, pero eran tan buena pareja.
– [Vincent]Perdona, es solo que…me gusta…pasar tiempo contigo.[/Vincent] – respondió intentando contener su sinceridad aplastante, que podía asustarla.
Continuaron caminando hacia la heladería Marco’s, donde todos los helados tenían una maldita buena pinta. Al cabo de un rato los dos volvieron a caminar por el paseo, con los cucuruchos en la mano.
– [Mara]Está…bien[/Mara]- comentó Mara.
– [Vincent]Sí, como hacía tiempo que no estaban las cosas.[/Vincent] – añadió Vincent. La verdad es que se respiraba una calma en el ambiente que echaría de menos si supiera lo que era. Para Sarah y para mí la vida era diferente, el peligro estaba en cada esquina. Era más difícil descansar.
Después de un rato caminando en silencio, Vincent empezó a mirar a otra parte, nerviosamente.
– [Vincent]Creo que tengo un problema viéndote comer ese cucurucho.[/Vincent] – aseguró de pronto, intentando callarse a sí mismo sin éxito.
En ese instante pasó algo que me dejó claro que Vincent era «el suyo». Y es que Mara soltó una carcajada que nunca le habría atribuido a ella. Vincent al verla reír así empezó a reírse y casi se atraganta con su helado.
– [Mara]¿Estás…bien?[/Mara]- le preguntó ella, mirándole y pasándole una mano por el hombro.
– [Vincent]Creo que voy a derretir el helado, pero si…[/Vincent] – dijo algo más recuperado, girándose para mirarla y quedarse prendado observando sus labios, cerca de él.
Ella no dijo nada, simplemente se apartó un poco y continuó caminando.
– [Vincent]P-perdona. Me pierde la boca…quiero decir, no la tuya…bueno, sí, la tuya sí, pero…..[/Vincent] – empezó a decir Vincent, con titubeo constante. Pobre hombre, bastante difícil era ya ligar sin meter la sinceridad aplastante.
Ella sonrió. Buena señal. – [Mara]Tú…hablas por los dos[/Mara].- respondió finalmente. Su aspecto empezó a volverse más etéreo, a difuminarse como si fueran a desaparecer. Solo tardaron unos segundos más en hacerlo.
– [Ed]Esta misión le hubiese venido mejor a Diana.-[/Ed] admitió Ed cuando finalmente se desvanecieron. Ed, que ni siquiera de adolescente había utilizado sus poderes para el mal, se había visto inmerso en un espionaje de nuestros amigos en un momento personal e íntimo. Le compadecía.
– [Daniel]Hablando de eso. Vamos a buscar al resto.[/Daniel] – dije, ya teniendo claro que nuestro objetivo allí había terminado. Había visto algo que podría ayudar a Sarah y tenía una idea de al menos cuál no podía ser la elección.
Ed asintió y caminamos por el puerto, con ganas de un helado de Marco’s, hasta que el puerto se convirtió en un frondoso bosque al atardecer. Sarah estaba cerca.
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