[b][Maximilien|| Alrededores del cementerio][/b]
Las cosas iban bastante bien con aquella morena, había conseguido sacarla del bar con palabras mezcladas entre lo dulce y lo caliente. Oía su risita coqueta, mientras jugueteaba con el borde mi campera de cuero; sonreí de lado, mientras olía el cuello y sentía el pulso de la sangre latir a toda velocidad contra mis labios. Joder, se me hacía agua la boca. Saqué los colmillos, para sentir como la piel de la chica se iba rajando y llenando de ese líquido espeso y rojo y no pude acabar porque un idiota sin dos dedos de frente se atravesó en mi momento especial de la noche.
La morena chilló tanto que entrecerré los ojos, soltándola y dejándola escaparse. Dios, cómo odio cuando las mujeres chillan de esa manera, que hacen daño al oído y es un sentido hipersensible del que no me apetece perder, gracias. Era parte de mi supervivencia, vamos. Aún sentía el sabor metálico en mis labios, y joder, era deliciosa esa sangre. Y me cabreé.
– [b]¿Quien es el idiota que se atrevió a interrumpir un momento sagrado como la cena? ¿Que no ve que es de mala educación molestar a los comensales?[/b]- pregunté a la nada. Puse los ojos en blanco, antes de enfocarme en la entrada del cementerio.
[i]Bien hecho, Max. Llevarla casi a los lindes del cementerio…que bonita cita, oye. ¡Oh cállate![/i]
Entré en el lugar, como si estuviera en mi propia casa, caminando a paso lento y sin hacer ruido. Mis sentidos se fueron agudizando en busca del idiota que no tiene modales ni respeto por la hora sagrada de la comida. Y lo encontré, agazapado contra una tumba cerca de un mausoleo. Negué con la cabeza, observándole con pena. Qué patético que se veía allí.
-[b]A ver, chaval…¿no te han enseñado a no interrumpir a un comensal en la mesa?[/b]- pregunté, acercándome hacia él y el muy imbécil me lanza una bola de fuego o algo por el estilo. Lo esquivé por los pelos.- [b]Vaya, estás con ganas de jugar, vamos a hacerlo…[/b]
Sonreí con muy malas intenciones, ese demonio no tenía la más puta idea de lo que yo podía conseguir para derrotarlo. ¿Qué? Tengo un ego ¿y qué? Si no lo exploto ahora, ¿cuando? En fin, a lo que iba…Volví a esquivar otra bola de fuego, me escondí detrás de un árbol y oí la carcajada triunfante del demonio. Craso error, chaval. Cerré los ojos y dejé que mi poder se abriera, metiéndome en la mente del demonio. En vez de oír la carcajada triunfante, escuché un jadeo sorprendido, por lo que me giré saliendo del escondite y le miré con una sonrisa socarrona.
– [b]A que mola esto, ¿verdad?[/b]- el demonio me miró como intentando destruirme.-[b]¿No? Qué pena, chaval.[/b]- negué con la cabeza, sin perder el control del poder.- [b]Saludos a tu madre, puta.[/b]- finalicé, agarrándolo del cuello y rompiéndoselo de un solo movimiento. El crack retumbó en el silencioso cementerio.- [b]Eso te pasa por interrumpirme en mi cena.[/b]
Dejé que cayera inerte al suelo y le observé, para ser un demonio era bastante idiota. Me acuclillé, notando algo que brillaba ligeramente en el cuello torcido, estiré la mano sin cautela y tomé aquello que brillaba, arrancándola sin tapujos del demonio. Era una llave con un cordón de color. Me lo guardé en el bolsillo de los vaqueros y sopesé qué hacer con la morena. Tenía tiempo de llegar antes de que ella entrara en la protección de su hogar.
Esperaba que la cena no se hubiese enfriado.
[spoiler]Por fin ha salido Max, que venía con ganas de jugar xD
El demonio llevaba la cara de Jensen Ackles.[/spoiler]
Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.