[b][Jamie Smith || Biblioteca {Con Christopher McLeod y Diana Echolls}][/b]
Lo único que le faltaba a mi abuela para sacarme de la casa, era una simple escoba, porque no podía ser que insistiera tanto con que me fuera. Habíamos estado discutiendo los últimos días, como perro y gato, haciendo sufrir a Angus, Carolina y la casa de Nana. Nuestra energía mágica trinaba al mismo nivel de nuestra terquedad, consiguiendo que la porcelana se rompiera, que la electricidad parpadeara constantemente, que objetos volasen y cosas así. Eso es lo malo de una casa con dos brujas más tercas que nadie. Nos habíamos calmado luego de oír el chillido lastimero de Angus y su cola quemada. Nana me miró tajante, como si tuviera la última palabra, yo le saqué la lengua y me encerré en mi habitación. Además de brujas, era nuestra sangre italiana los que nos ponía en plan reinas del drama. Y aquí estaba yo, armando una pequeña maleta para pasar unos dos o tres días en Moondale, buscar información en la biblioteca, ver que se cocía allí y volver. Nana no podría quejarse con el plan, siempre y cuando no insistiese en que lo alargase, porque eso no iba a pasar en absoluto. Busqué la copia de la llave de mi habitación en la residencia, guardándola en mi bolso de mano. Ya tenía todo, menos el boleto, el cual lo compraría en la estación de autobuses. -[b][i]¿Tienes todo listo?[/i][/b]- preguntó Nana, enfundándose en un abrigo de tweed. -[b]Sí ¿y qué crees que estás haciendo?[/b]- respondí, alzando una ceja. Más valía que no fuera a llevarme a la estación. -[b][i] Te voy a llevar, que no me fío de tu palabra, porque podrías irte a cualquier sitio y no a Moondale.[/i][/b] Puse los ojos en blanco, suspiré y murmuré a todas mis antepasadas que me dieran santa paciencia. Me puse mi abrigo, tomé la maleta y el bolso de mano, seguí a mi abuela hasta el viejo coche, me despedí de mi tía, quien tenía una sonrisa divertida y Angus me miraba burlón. El viaje hasta la estación iba a ser eterno, por lo que fingí quedarme dormida, sabiendo que mi abuela sabía que yo la engañaba, pero no había dicho ni una palabra. El viaje a Moondale, desde donde vive mi abuela, me llevaba unas cinco o seis horas en autobús, por lo que me había equipado de música y libros para matar el tiempo. No tenía ni ganas de pasarme por Moondale, pero ante la insistencia de Nana, era lo mejor: escaparme por unos días de ella. Estaba dormida cuando habíamos llegado a Moondale, por lo que me desperté de golpe con el frenazo del transporte. La distancia entre la estación y la residencia era apenas unas pocas cuadras, honestamente. Fácil de recorrerlas y llegas en pocos minutos, el único problema eran las personas que iban y venían; no me fiaba de ninguno de ellos, por si eran de la Iniciativa. Nunca se sabía qué podría pasar. Negué con la cabeza, me aferré a la maleta y caminé con todo el paso seguro que podría llegar a tener. Por suerte, en nada estaba subiendo al piso de mi residencia y a la seguridad de mi habitación. Estaba vacía, mi compañera aparentemente no había vuelto, por lo que en cierto sentido me dejó más aliviada. Dejé caer la maleta en el suelo y me tiré en la cama, boca abajo. La luz matinal parecía querer hacerme daño en las retinas, por lo que parpadeé, desperezándome y mirando el reloj. Vaya, había dormido como unas buenas dieciocho horas; evidentemente estaba más que estresada, estaba paranoica. Y había que añadir que el hecho de estar kilómetros alejada de Nana, ayudaba a que descansara mejor. Decidí que era hora de ser un ser humano normal y luego ir a la biblioteca. Media hora después, estaba en la puerta de la biblioteca, que parecía extrañamente silenciosa, por muy irónico que fuere, ese silencio era dudoso o era mi paranoia exagerada. Lo que sea. Empujé la puerta con suavidad, asomé la cabeza y entré despacio. Me esperaba que en cualquier momento saliera algo horrible y notaba como el corazón latía desbocadamente. Cuando me giro hacia mi derecha me encuentro a alguien ¿y qué hago? Sí, eso. – [b]¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH![/b]- chillé, antes de pegarle débilmente en la mandíbula. – [b][i]Sabía que tenía que haberme afeitado…[/i][/b] – respondió McLeod tocándose la mandíbula. Me quedé descolocada, al mismo tiempo que intentaba calmar ese corazón desbocado. Inspiré profundamente aire para tranquilizarme, era sólo McLeod. – [b]Oye, lo siento…[/b]- me disculpé.- [b]Estoy un poco paranoica, además no pensaba que iba a haber alguien…[/b]- expliqué como si tal cosa.- [b]De todos modos iba a buscar unos libros…[/b]- no dije de qué exactamente. – [b][i]Pues has golpeado al hombre adecuado. Además de colarme en instalaciones del gobierno para rescatar personas en mi tiempo libre, trabajo aquí como bibliotecario y profesor.[/i][/b] – contestó. Me reí ante la contestación, negando con la cabeza. – [b]Así que supondré que tienes una leve idea de lo que busco…[/b]- pregunté, mirándolo. Sí, definitivamente es guapo, tenía un no se qué que me resultaba familiar; por mucho que su barba estuviera poco arreglada y bajo los ojos aparecieran unas líneas acusadoras de ojeras. – [b][i]Si, yo diría que si. Algo relacionado con el mundo sobrenatural… [/i][/b]- respondió McLeod mirándome a los ojos. Asentí con la cabeza, dirigiendo mis pasos hacia la zona de los libros de magia. – [b]Mi abuela tiene una cantidad extraordinaria de libros de magia, pero ninguno me sirve…[/b]- comenté.- [b]Son demasiados avanzados para mi nivel de principiante…[/b]- expliqué.- [b]No sé ni encender un fuego mentalmente, soy una inútil.[/b] – [b][i]Pues verás…por aquí tenemos algo, pero no creas que crear fuego es tan fácil.[/i][/b] – me condujo por una estanteria detrás de la que nos encontrábamos. – [b]Era por decir un ejemplo…[/b]- bufé de manera respondona. – [b][i]Lo sé lo sé, solo trataba de usar tu ejemplo para explicarte que no debes desanimarte, la magia es más complicada de lo que miles de fans de Embrujadas o de Harry Potter creen.[/i][/b] – explicó con una leve sonrisa. Le miré, con una expresión que decía claramente si me tomaba por idiota o algo por el estilo. – [b]Pues es injusto, no me ha llegado nunca la carta de Hogwarts.[/b]- respondí sarcásticamente. – [b][i]Ah, pero yo soy Dumbledore y te invito en persona al increíble mundo de la magia cotidiana.[/i][/b]- respondió bromeando. – [b][i]Verás, la mejor forma de iniciarse en la magia es tener un maestro que te ayude.[/i][/b] – hizo una pausa y añadió. – [b][i]Es como si de pequeña estudiases un libro de matemáticas sin tener un profesor que te explicase. El resultado sería que no sabrías por donde empezar.[/i][/b] Alcé una ceja, pensativa; McLeod tenía razón en un punto: lo de aprender magia por mi propia cuenta era algo difícil. Aprenderlo vía Nana, era más que descartado, porque era muy probable que termináramos arrancándonos los pelos y otras cosas. Le seguí hasta donde me llevaba, mientras seguía pensando. – [b]Bueno, no voy a poner un aviso en los clasificados en busca de un maestro de magia…[/b]- dije, con aburrimiento. La verdad es que tampoco conocía a alguien que supiera más que yo, excepto Sylver; sólo que deduje que ella estaba en las mismas que yo, por lo que no era otra opción viable. – [b][i]Si necesitas ayuda creo que puedo presentarte a alguien que necesita tanto un alumno como tú un maestro.[/i][/b] – respondió McLeod con un encogimiento de hombros. – [b]No estoy a gusto con el hecho de ser bruja, de hecho si pudiera, vendería mi alma por ser normal.[/b]- confesé.- [b]Pero Nana me ha dicho que mis padres y mi ascendencia son un gran linaje y que debería hacerles honor a ellos.[/b]- comenté con fastidio.- [b]¿Cómo voy a hacerles honor a ellos si nunca los conocí? Están muertos, son puro polvo de tierra y gusanos.[/b]- mascullé- [b]Y sí, si me lo puedes presentar, bien.[/b] – [b][i]No creo que tarde mucho en venir, en cuanto llegue te la presentaré. [/i][/b]- hizo una pausa y se puso más serio, caminando hacia la parte de las mesas. – [b][i]Respecto a lo de tus padres, aunque ya no estén, su recuerdo, por pequeño que sea, te acompañará siempre.[/i][/b] – me miró directamente a los ojos y añadió. – [b][i]Lo mejor es honrarlos manteniéndote con vida, y ya has visto que la magia no te vendrá nada mal para conseguirlo.[/i][/b] Me reí de forma irónica, no recordaba nada de mis padres, salvo dos pares de ojos del mismo color que el mío, mirándome. Me detuve, apoyando mi cuerpo contra una estantería y bajé la cabeza; ese recuerdo me hacía sentir mal, porque no me cuadraban con los ojos que veo en las fotos de mis padres. Los veía diferentes y Nana sólo me decía que no era lo mismo verlo en persona que en fotos. Suspiré, hacia mucho que no me acordaba de ese recuerdo efímero, pero tan patente. Levanté la vista, hacia la puerta de la biblioteca que se había movido, dejando pasar a una chica un poco mayor que yo, con un café de esos de Starbucks en la mano y me hace gesto de silencio. Luego la vi dejar el café en una mesa y alzarse de puntillas para taparle los ojos de McLeod. Alcé una ceja, curiosa; como si aquello me resultara familiar, seguramente de alguna novela latina. – [b][i]¿Quién soy?[/i][/b] – Preguntó con voz cantarina. – [b][i]Y aquí está tu maestra.[/i][/b] – dijo McLeod con voz cansada pero sonríe levemente. – [b][i]¿Maestra?.[/i][/b]- la chica frunció el ceño colocándose a la altura de nosotros.- [b][i]Pensé que ibas a decir algo más…romántico[/i][/b] – le puso ojitos a McLeod. – [b]¿Ustedes están liados?[/b]- fue mi pregunta genuina. – [b][i]En teoría no, pero porque él es un estrecho.[/i][/b]- Dijo como con pesar.- [b][i]Pero ya caerá, soy irresistible.[/i][/b]- Esbozó una amplia sonrisa.- [b][i]Encantada de volver a verte em…¿cómo te llamabas?[/i][/b] – [b][i]Para ser correctos, tu profesor estrecho… [/i][/b]- intervino McLeod. – [b]Jamie. Jamie Smith y ahorrémonos los chistes de James Bond, por favor.[/b]- miré a ambos, mordiéndome el labio para evitar una sonrisa divertida. Era difícil no darse cuenta de que entre ellos había una chispa especial, por mucho que McLeod pareciera resistirse a la chica. – [b][i]Diana Echolls o señora de McLeod, como prefieras.[/i][/b]- Hizo caso omiso a lo que él dijo y le dio un codazo.- [b][i]Y bueno dime, ¿qué era eso de ser tu profesora?[/i][/b] La miré a los ojos, como si en alguna parte de mi cerebro me dijera que me era familiar la chica. Lo sentía en lo más hondo de mi alma, como una especie de alarma o aviso y eso era bastante extraño. No conocía a McLeod y Diana hasta recién hace unos segundos, pero sentía como si los hubiese conocido toda mi vida. Parpadeé ante la pregunta de Diana y sonreí. – [b]Soy una versión barata de Hogwarts…[/b]- respondí en broma.-[b] Soy una bruja novata que no sabe hacer un hechizo útil y McLeod me ha dicho de tener una maestra, con lo que supongo se refería a ti.[/b]- expliqué.- [b]Sólo le faltaba tener los ojos brillantes, o tipo como chiribitas, al mencionarte.[/b]- volví a bromear, mirando de reojo a McLeod. – [b][i]Las brujas novatas son mi especialidad.[/i][/b]- Asintió con satisfacción.- [b][i]Y los profesores macizos también.[/i][/b] Me reí a carcajadas, Diana era realmente graciosa, que no se por qué estúpida razón, la abracé como se abraza a una madre. Supuse porque ella tenía tipo de ser madre de todos, por lo que recordaba la noche de la huida. Noté como ella correspondía mi abrazo y sonreí. Luego me separé, con cara culpable. – [b][i]Creo que eso significa que ya tienes maestra. [/i][/b]- dijo McLeod mirándome, luego miró a Diana y dijo. – [b][i]Y tú, alumna.[/i][/b] – [b]Lo siento, me salió del alma.[/b]- murmuré.- [b]Tengo que irme, así que supongo que luego te buscaré para lo de las clases y eso…[/b]- miré a Diana.- [b]No la dejes escapar, McLeod.[/b]- me giré hacia el profesor, alzando el dedo índice de forma acusadora. Me despedí de ambos con un gesto de mano y me retiré de la biblioteca sintiéndome realmente extraña. [spoiler] Edición de Dracon: Jamie se dispone a viajar el día 8, por tanto el post en el que estaba en casa de Nana es tambien de ese día en vez del día 9 en el que estamos situados. Esto es porque Jamie duerme en Moondale y al despertarse va a la Biblioteca y llega Diana de tomarse el café con January, que fue el día 9 Edición de Euge: Y claramente los fabulosos McLeod y Diana han sido manejados por los geniales Dracon y Stefy. Mi humilde Jamie ha sido llevada por mí. [/spoiler]
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