[b][ January Allard | Calles de Moondale | [color=green]{ Con Alexander Fenris }[/color] ][/b]
[QUOTE]-[b]¡Y yo me los comeré todos para darte las gracias![/b][/QUOTE]
Colgué el teléfono, con una sonrisa en la boca. Era curioso, casi todos mis momentos con Sarah habían sido malos. La noche en el Silver no había sido precisamente la fiesta esperada, los días en el subterráneo eran lo más cercano al Averno que jamás había experimentado. Y ni siquiera habían sido tantos momentos. Apenas nos conocíamos, si me paraba a pensarlo. Y, sin embargo, la breve conversación telefónica se empeñaba en tapar el regusto amargo que parecía acompañarme desde que me despertara en el bosque. Haber quedado esa tarde con ella, después de no haber hablado con ella desde que escapáramos, me había inyectado una vitalidad y alegría que no era capaz de eclipsar del todo mis pensamientos angustiosos, pero que no por ello cesaba en el intento. Era revitalizante. De algún modo, había echado de menos tener a alguien cerca y Sarah parecía estar llenando ese hueco.
En eso pensaba cuando oí una voz llamándome desde atrás.
-[b][i]¡January![/b][/i]
Me giré, a tiempo para ver a Alexander Fenris dar las últimas zancadas que le acercaran a mí, con la respiración entrecortada. Sonreí sin poder evitarlo; era bueno darse cuenta de que ver ciertas caras conocidas seguía siendo reconfortante, y no el recuerdo de una pesadilla.
-[b]Alexander, hola[/b] -[i]la reina de la efusividad, ésa soy yo[/i], pensé para mis adentros.
-[b][i]Llevo buscándote desde la noche que huimos.[/b][/i]
[i]Estoy bien, gracias, superando los traumas de haberme convertido en una bestia peluda delante de todos vosotros. Otra vez[/i], pensé para mis adentros, y luego lo deseché. No es que tuviera cinco años para ponerme a soltar cosas así. Aunque una parte de mí estaba, de repente, deseosa de volver a tener cinco años, un lápiz rosa entre las manos y un dibujo a medio colorear delante de las narices. Por un momento me quedé en blanco; era la primera vez en años que echaba de menos el pasado.
-[b]¿Y eso?[/b] -pregunté, el ceño un poco fruncido y la sonrisa aún en los labios, volviendo a sumergirme en el presente.
-[b][i]Te perdí de vista en el bosque, estaba preocupado por lo que hubiese podido pasar.[/b][/i]
Tragué saliva. Sentí que, ahora sí, me temblaba la sonrisa en los labios. Aparté la vista involuntariamente, pero me obligué a mirarle de nuevo antes de contestar: -[b]¿Viniste al bosque conmigo? No lo sabía.[/b]
Y era verdad. Nadie me lo había dicho. Por otro lado, tampoco había hablado con nadie, así que supuse que tenía sentido que no lo supiera.
-[b][i]Te llevé hacia el bosque para que no hicieses nada de lo que pudieses arrepentirte[/b][/i] -explicó.
Sentí una oleada de agradecimiento hacia Alexander. Si no fuera por el pequeño detalle de antes -[i]te perdí de vista en el bosque[/i]- probablemente me hubiera puesto a llorar allí mismo, dándole las gracias a diestro y siniestro. Pero el pequeño detalle seguía allí, así que la duda corrosiva que me había estado atacando toda la semana seguía allí también: ¿había el lobo conseguido alguna presa aquella noche?
-[b]Gracias[/b] -murmuré-. [b]Gracias[/b] -repetí, esta vez más alto. Luego me armé de valor para hacer una de las preguntas que tanto temía-: [b]¿Hay forma de saber si…?[/b]
No pude acabar la frase, pero él adivinó la pregunta. Tal vez él se había hecho las mismas preguntas en su día, tras transformarse las primeras veces. Quién sabe.
-[b][i]¿Cómo te despertaste?[/b][/i] -titubeé, no sabiendo muy bien qué responder-. [b][i]Aparte de desnuda… ya sabes, ¿notaste sabor a sangre en la boca o alguna otra cosa que te pueda dar pistas?[/b][/i]
¿Sabor a sangre? ¿Y a qué sabía la sangre? Nunca se me había ocurrido tomarme zumos de A negativo, o helados de donante universal. Y entonces lo recordé, el sabor extraño en mi boca, ése que seguía allí cada mañana desde entonces, que se resistía a marcharse a base de cepillados, cafés y comidas picantes, que repiqueteaba en mi mente constantemente. [i]Probablemente fuera sólo un conejo. Tal vez una ardilla[/i], me lo había estado repitiendo desde entonces, dedos cruzados por que fuera verdad.
Suspiré, tomándome unos segundos antes de seguir: -[b]¿Caminamos?[/b] -señalé hacia delante, y él se colocó a mi lado. Mientras caminábamos, comencé a contestar-: [b]Noté… un sabor extraño. No sabía qué era… pero tampoco es que supiese casi nada sobre… nada en ese momento. Y…[/b] -y me paré en seco, recordando mi despertar, lo que había visto, lo que había a mi alrededor, lo que había pensado y sentido. Di gracias a los Fundadores cuando él respondió antes de que tuviese que decir yo nada más.
-[b][i]La primera vez es muy traumática, yo apenas recuerdo que hice desde que me desperté hasta que llegué a mi apartamento. Con el tiempo incluso recuerdas cosas que hiciste transformado.[/b][/i]
-[b]Supongo, pero en realidad no sé si me hace gracia la idea de recordar lo que hice transformada[/b] -callé un segundo, pensando-.[b] Por otro lado, no recordarlo tampoco es maravilloso[/b] -dejé escapar un suspiro-. [b]Supongo que me acostumbraré.[/b]
-[b][i]Es difícil acostumbrarse, la vida nunca vuelve a ser la misma[/b][/i] -fue él quien hizo entonces una pausa, mirando al frente-. [b][i]Intenté de todo, y aunque conseguí alguna mejoría, al final lo único que queda es aceptarlo y aprender a controlarlo.[/b][/i]
Sonreí. No una sonrisa alegre. Más bien triste. Esperaba palabras de aliento, no justo lo contrario, pero por otro lado, había una parte de mí que ya se había resignado a todo aquello, aunque no por las buenas: -[b]Controlarlo estaría bien. Pero no entiendo cómo voy a controlarlo si ni siquiera logro comprenderlo. ¿El lobo y yo somos lo mismo? ¿O somos seres distintos? ¿Es más fuerte él o yo? ¿Es si quiera posible…?[/b] -y callé de repente. Si no lo pensaba antes, ahora debía estar convencido de que estaba loca, eso seguro-. [b]Lo siento, creo que he leído demasiado, pero… [/b]-sacudí la cabeza, negando-.[b] Pero nada, supongo que sólo estoy hecha un lío.[/b]
-[b][i]Si consigues encontrar respuesta a todas las preguntas que tienes rondando la cabeza sabrás más que yo[/b][/i] -tardó unos segundos antes de seguir-: [b][i]Tardé mucho tiempo en conseguir retener la transformación las lunas llenas[/b][/i] -me miró, sonriendo-.[b][i] El maestro Shantou decía que tenía la paciencia de un niño y la testarudez de un viejo[/b][/i] -y con esas palabras, desapareció la sonrisa-. [b][i]Pero parece que la noche pasada logré avances. [/i][/b]
-[b]Eso parece, si conseguiste guiarme hasta los bosques. Te avisaré si alguna vez consigo esas respuestas… ¿El maestro Shantou fue quien… te enseñó a controlarlo?[/b]
-[b][i]Si, fue él. Me enseñó a preparar unas hierbas para disminuir el efecto de la luna[/b][/i] -se giró para miramre otra vez-. [b][i]Ahora que recuerdo, puede que tenga alguna respuesta para ti. El siempre decía… [/b][/i]-tomó la postura de un monje, echándose las manos a la espalda, encorvándose y entrecerrando los ojos-. [b][i]»La bestia no es una parte de tí. Eres todo tú. Ya no eres humano, pero eres más que una bestia.»[/b][/i]
No pude evitar reírme, viéndole en aquella posición: -[b]Vaya, espero que eso no significa que va a salirme barba[/b] -dije, adoptando una pose pensativa y seria. [i]El Pensador de Rodin a mi lado, un principiante[/i], pensé, antes de dejar de hacer el tonto -para variar- y sonreír levemente-. [b]Supongo que sólo me queda descifrar qué demonios significa eso. No sé qué me ayudaría más a averiguarlo, si esos tragos de los que hablamos estando allá abajo, o una dosis fuerte de drogas duras.[/b]
-[b][i]Para mí mejor los tragos, no quiero ni imaginarme un licántropo drogado.[/b][/i]
-[b]No sé si borracho sería mucho mejor[/b] -apunté yo, imaginando ambas cosas en mi mente y sin saber si reír o preocuparme.
-[b][i]Parece que fue ayer cuando salía hasta el amanecer y bebía todo lo que podía.[/b][/i]
-[b]Uff, creo que yo nunca he hecho eso. Espera, puede que cuando era adolescente… [/b] -hice cómo si me esforzara para recordar, cuando en realidad la respuesta era muy obvia-. [b]Nah, nunca. Solía ser una de esas niñas empollonas que se quedan en casa los sábados a pasar apuntes, ¿sabes lo que te digo? [/b]-sonreí, mitad excusándome, mitad recordando aquellos buenos tiempos. Puede que no fuera el alma de la fiesta, pero yo era feliz entre mis cómics y mis libros, viendo películas y pasando apuntes. Y estaba segura-. [b]Algún día me tocará ser una adolescente descarriada, supongo.[/b]
-[b][i]Quisiera que me hubieses visto hace unos años. Fiestas, mujeres, coches caros…[/b][/i]
-[b]Probablemente te hubiera envidiado mucho. Cambiando las mujeres por hombres, claro, pero aparte de eso… no me hubiera importado pasearme por ahí en un Rolls Royce. [/b]
-[b][i]Cuando quieras te puedo llevar a dar una vuelta, creo que tengo uno o dos aparcados en el garaje.[/b][/i]
Enarqué las cejas, incrédula: -[b]¿Y por qué no habías dicho eso antes? ¿Dónde dices que está tu garaje?[/b] -miré alrededor, frenética, buscando un garaje que obviamente no iba a encontrar.
-[b][i]Tengo que solucionar unas cosas antes… [/b][/i]-de repente, parecía algo más preocupado-. [b][i]He estado mucho tiempo fuera y los directivos de mi empresa… en fin, si los sustituyera por una piscina llena de pirañas me harían más bien que ahora[/b][/i] -se paró y se giró para mirarme-. [b][i]Cuando tome de nuevo las riendas podemos quedar si te apetece.[/i][/b]
Paré al tiempo que lo hizo él: -[b]Me apetece. Podrías darme esa vuelta con uno de tus cochazos y luego siempre podemos dejarnos caer en algún sitio y tomar esos tragos y divagar sobre la razón de ser de nuestra existencia entre tequila, limón y sal, ¿qué te parece?[/b] -propuse con una sonrisa.
-[b][i]Me parece genial, mucho mejor que correr por el bosque cubiertos de pelo[/b][/i] -miró el reloj-. [b][i]¿Me das tu teléfono? Preferiría no tener que volver a recorrer la Universidad olfateándote.[/b][/i]
-[b]Hey, sería digno de ver[/b] -rebusqué en el bolso un poco, antes de rendirme y extender mi mano hacia él-. [b]Si me dejas tu móvil, te lo apunto directamente, porque diría que no llevo bolígrafos encima…[/b]
Me tendió una Blackberry negra y no pude evitar mirarlo de nuevo. Blackberrys, cochazos… [i]Alguien me ha robado mi vida de ensueño y acabo de descubrir quién[/i], pensé para mis adentros.
-[b][i]Bueno entonces hasta que nos olamos de nuevo[/b][/i] -rió, y no pude evitar hacer lo mismo mientras terminaba de apuntar mi número y le devolvía su Blackberry-. [b][i]Es broma, te llamaré en cuanto les recuerde quien está al mando.[/b][/i]
-[b]Intenta que no te coman tus directivos, entonces[/b] -sonreí.
-[b][i]Querrás decir que no me los coma yo a ellos[/b][/i] -dijo, antes de darme dos besos de despedida y marcharse.
Me quedé en el mismo sitio unos segundos, antes de reanudar la marcha, con más energía que antes. De nuevo la misma historia. Apenas si conocía a Alexander, pero en unas cuantas frases había sido capaz de alegrarme un poco. Probablemente volvería a tener pesadillas aquella noche, y al día siguiente amanecería de repente, aún al alba, y con la necesidad de salir huyendo y mantenerme ocupada todo el día, pero por el momento, estaba contenta. Que era más de lo que se podía decir de la última semana.
Crucé el siguiente paso con una sonrisa, pensando ya en cómo ayudar a Sarah. Si dependía de mí, iba a estar radiante; tenía que darle las gracias de alguna manera.
[spoiler]Brontopost es brontopost. Fenris movido por su dueño, of course :)[/spoiler]
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