Moondale

CAPÍTULO XIV: SARAH ECHOLLS

elegida

PASILLOS DE LA UCM, MOONDALE

MAÑANA

 

 

 

 

[dropcap]D[/dropcap]espués de escapar de la incómoda conversación con el profesor de ‘Demonología’, caminé con Diana y con Ed en dirección a la cafetería.

Parte de la culpa de que la conversación se volviese incómoda la había tenido mi hermana, que me hacía ponerme roja con facilidad. Pero no podía enfadarme con ella, sabía que era una simple broma y Diana se merecía toda la confianza que pudiese darle.

Mi hermana siempre había estado conmigo, en los buenos y en los malos momentos, renunciando a lo que fuera necesario, como su habitación en la residencia de Merelia, pese a que le había insistido en que estaba bien. Aunque lo cierto era que no lo estaba y para ella era difícil no darse cuenta, me conocía demasiado bien. Y además las dos compartíamos algo que prácticamente podía decirse que era un problema común, una empatía demasiado desarrollada.

Diana lidiaba con ello ocultándolo todo sobre una cama de despreocupación y bromas que normalmente era solo apariencia. Yo por mi parte, intentaba sufrirlo internamente, y eso hacía que siempre tuviese una carga dando vueltas en mi cabeza.

Pero quizá el motivo de que la conversación fuese incómoda no lo tenía solo la broma de Diana. El profesor parecía saber mucho del mundo sobrenatural y algunas de las cosas que había dicho encajaban con la escueta formación que mis dos breves Vigilantes me habían dado. Sabía lo que era una Cazadora.

Por eso mismo llegué a pensar que sabía que yo era una…que era la Cazadora. No descartaba que fuesen cosas mías, parecía un buen hombre, irradiaba una especie de halo de protección y seguramente su intención era simplemente la que había mostrado, intentar que me involucrase más en la clase.

Hubo un tiempo en el que habría sido la que más hubiese hablado, la que más en serio se lo habría tomado, pero hay cosas que nos hacen cambiar. Echaba de menos cómo eran las cosas antes, pensar, aunque fuera una esperanza sin sentido, que algún día yo también podría hacer magia con mis propias manos.

Uno de los inconvenientes de tener los problemas vagando por mi cabeza es que a veces me desconectaba de la realidad. Si le sumábamos a eso que al ser empática los problemas de otros muchas veces se convertían también en mis preocupaciones, eso significaba que me pasaba habitualmente. Concretamente en ese instante. Cuando volví a la realidad, Diana y Ed, que ya me conocían lo suficiente como para saberlo, estaban hablando entre sí.

PENDIENTE DE ROLEO