Moondale

CHICA CUYO NOMBRE NO RECUERDO

[b][ January Allard | Cafeteria de la Universidad – Calles de Moondale | [color=green]{Con Jamie Smith}[/color] ][/b]

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Era la quinta llamada perdida aquel día. Todas de la misma persona: [i]Mamá[/i] era la palabra que brillaba en la pantalla del móvil. Hacía una semana que me llamaba sin parar y hacía casi cinco días que no le cogía el teléfono. Cada vez que el móvil vibraba en mi bolsillo sentía cómo se me encogía un poco el estómago y una voz en mi cabeza me decía que debía cogerlo, que debía estar preocupada. O así había sido al principio, porque me había acostumbrado sorprendentemente rápido a ignorar el movimiento del aparato. Diana ni siquiera lo había notado, y habían sido dos las llamadas que había recibido en su presencia. Llevaba siendo así desde que la llamara tras recuperar mi libertad.

Ella insistía en que debía irme a San Francisco, yo me negaba a moverme de Moondale, y las discusiones seguían y seguían hasta que yo perdía la paciencia y colgaba. No era que no quisiera verles, pero no sabía cómo hacerlo. Cómo ir y decirles que todo estaba bien, que no pasaba nada y que todo había vuelto a la normalidad. No tenía ni idea de cómo mentirles, no lo había hecho en la vida, y mentir a alguien que me importaba era una habilidad que nunca había adquirido. Y que no quería adquirir.

-[i]¿Has terminado?[/i]

Levanté la mirada, sorprendida en mitad de mis pensamientos por una voz desconocida. Abrí la boca, para darme cuenta de que no sabía que contestar, y él se limitó a señalar de nuevo el periódico. Sí, había terminado. Había esperado a que mi acompañante se marchase para hacerme con él y echarle un vistazo a toda velocidad. Sólo había encontrado un artículo pequeño y casi insignificante sobre… sobre aquello, pero aquel artículo ya estaba en el bolsillo trasero de mis vaqueros así que asentí con una sonrisa y observé cómo se lo llevaba. Suspiré, era hora de marcharse y hacer… algo.

Al salir a la calle me sorprendió el viento helado de diciembre. Me había costado acostumbrarme del frescor otoñal pre-encierro en una casa de locos al repentino frío de diciembre en Moondale. Apresuré el paso, intentando entrar en calor y parando sólo para conseguirme otro café -esta vez para llevar- en una pequeña cafetería que acababa de descubrir. Había dedicado mucho tiempo a simplemente pasear durante los últimos días. Caminaba sin rumbo, pensando y haciendo una lista mental de preguntas cuyas respuestas no estaba muy segura de querer. Apenas si había visto a nadie durante la última semana. Conocidos a los que saludaba por los pasillos y… ya está. Nada más. Mi conversación con Diana había sido la más larga desde mi noche de juerga lupina. Así que durante aquellos días había descubierto muchos rincones que desconocía de Moondale. De pronto me daba cuenta de que cuatro años allí apenas me habían servido de nada; o quizás simplemente ahora lo veía todo con otros ojos.[b][i][/b][/i]

-[b][i]¿January?[/b][/i] -la voz volvió a sorprenderme. Esta vez era una voz de chica, algo tímida, y con palpable nerviosismo. Levanté la cabeza para encontrarme con una cara conocida que no estaba muy segura de querer ver. No es que tuviera nada contra ella; era más que nada que de repente me hacía recordar sensaciones que llevaba una semana enterrando. Fruncí el ceño, tratando de recordar su nombre…

-[b]Jamie, ¿verdad?[/b] -dije finalmente, cruzando los dedos en mi mente.

-[b][i]Sí, la misma. ¿Todo bien?[/b][/i]

La miré detenidamente. Parecía particularmente incómoda mientras hablaba, como si no supiera muy bien qué decir o cómo actuar. Como si no supiera qué hacer… estando yo delante. Asentí, sin mirarla. Sentía un nudo en mi garganta. ¿También a ella le imponía?

-[b]Viva. Y totalmente desenganchada de las drogas[/b] -sonreí, mirándola a los ojos, intentando romper una tensión que parecía demasiado densa como para que yo pudiera hacer nada-. [b]¿Qué hay de ti?[/b]

-[b][i]Normal, aunque no estaría de más que me siguiera un hombre guapo.[/b][/i]

Forcé una sonrisa, señalando el semáforo que acababa de indicar que podíamos finalmente cruzar: -[b]Creo que eso no nos sobra a ninguna. Excepto quizás a las que ya lo tengan.[/b]

-[b][i]Bueno, yo no conozco a nadie que tenga guapos siguiéndola…[/b][/i] -caminábamos a la par, sin rumbo fijo o con un rumbo que yo desconocía. No es que me importara; no tenía nada que hacer-. [b][i]A veces me pregunto de dónde consiguen tanto hombre suelto.[/b][/i]

-[b]Habrá que informarse[/b] -comenté, dando un nuevo sorbo a mi café. El líquido atravesó mi garganta, demasiado caliente, y la sensación me hizo sentirme un poco más despierta y un poco más yo-. [b]¿Vas a algún lugar en particular?[/b]

-[b][i]Iba a la tienda de magia…[/b][/i] -respondió en un susurro, mientras yo me atragantaba, mirándola con las cejas en las nubes, incrédula. [i]Bien mirado[/i], pensé mientras sacudía la cabeza, [i]no sé de qué me sorprendo[/i].

-[b]Debí haber imaginado[/b] -suspiré, mitad resignada mitad divertida- [b]que había una de esas por aquí.[/b]

Definitivamente, yo no conocía Moondale.

-[b][i]Sí… este sitio es un lugar perfecto para una película de Wes Craven, con actores de treinta años interpretando adolescentes hormonados escapando de…[/b][/i] -no llegó a terminar la frase.

-[b]Creo que la propia ciudad ha superado ya a Wes Craven[/b] -comenté, sin darle importancia-. [b]¿Está muy lejos esa tienda? Nunca… he entrado[/b] -[i]ni la he visto, pero siendo este mi último año de una carrera que llevo haciendo aquí cuatro, es bastante vergonzoso reconocerlo[/i], pensé.

-[b][i]No, está acá a la vuelta[/b][/i] -señaló la esquina más próxima-. [b][i]Es una tienda común y corriente, sólo que mágica…[/b][/i]

-[b]Creía que eso último eliminaba ‘común y corriente’ de la lista de adjetivos que puedes ponerle a esa tienda[/b] -respondí, algo incrédula, para añadir luego en una voz que hacía imposible que ella me oyera: [i]o a nosotros[/i].

-[b][i]¿Tienes miedo, Jan?[/b][/i] -preguntó con tono burlón, preguntándome.

-[b]No[/b] -contesté rápidamente. Luego me paré a pensarlo. ¿Tenía miedo? La respuesta seguía siendo la misma-. [b]No, no es miedo, es sólo…[/b] -pensé, intentando escoger las palabras adecuadas- [b]que me fascina que puedas ver normal algo como… una tienda de magia[/b] -susurré, esbozando una sonrisa que esperaba fuera lo suficientemente amable como para que entendiera que no pretendía ofender.

-[b][i]Uhm… soy bruja[/b][/i] -explicó, murmurado-. [b][i]Una tienda de magia es algo normal para mí y mi condición.[/b][/i]

Asentí: -[b]Lo imaginaba. Quizás no que fueras una… bruja, pero sí [i]algo[/i][/b] -muy bien, pensé, acabas de llamarla ‘algo’, así vas a caerle estupendamente-. [b]Supongo que es distinto si te has criado sabiéndolo todo sobre este… mundo.[/b]

Nos paramos delante de la tienda. Era una tienda antigua, de fachada de un amarillo pálido y con su nombre escrito en letras grandes. Me pregunté si la gente no lo veía o si tal vez se imaginaban que sería alguna majadería, territorio de sectas satánicas y demás locos del mundo. La observé, escuchando de lejos a Jamie mientras me contestaba.

-[b][i]Descubrí que era bruja hace cosa de un año[/b][/i] -aclaró, empujando la puerta de la tienda-. [b][i]¿Entras?[/b][/i]

-[b]Eso ya es más tiempo del que he tenido yo para asimilar que el cine no va tan desencaminado.[/b]

Entré en la tienda delante de ella, mirando alrededor y descubriendo rápidamente que iba a necesitar muchos ojos y más años para asimilar aquello. Mi mirada voló de los libros de magia a las diferentes estatuillas que se acumulaban ordenadamente en un estante cercano, y de allí a todos los demás artículos de la tienda. Realmente, estaba descubriendo todo un mundo nuevo. Pensé de pronto en los protagonistas de todos esos libros, desde Narnia hasta Harry Potter, y entendí todo lo que les pasaba por la cabeza en esos primeros días de descubrimiento. Luego sacudí la cabeza y me dediqué entre dientes un [i]pedazo de friki[/i] que nadie más oyó. Jamie, a mi lado, saludaba a la dependienta antes de dirigirse a la zona de libros.

-[b][i]El cine tiene fuentes verídicas, aparentemente.[/b][/i]

Reí entre dientes y di unos pasos más, mirando anonadada a mi alrededor. Aquella tienda era increíble.

[spoiler]Jamie controlada por Eugeart.[/spoiler]

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