[b][Jamie Smith|| Cementerio||{Con Christopher McLeod}][/b]
Me dolía el costado, me costaba respirar con regularidad y las lágrimas me empañaban los ojos, con lo cual me costaba entender como no me había tropezado con algo o alguien. Mis piernas siguieron corriendo sin parar, sin detenerse, sin inmutarse de los peligros. Atrás iba quedando la zona comercial, dejando paso a la zona residencial, hasta llegar a los lindes del cementerio. Entré en éste, sin detenerme hasta llegar a la zona de los grandes mausoleos de Moondale. Cuando me detuve, me doblé en dos, llorando entre hipidos y a la vez intentando recuperar mi resuello; luego me senté, apoyando mi espalda contra la pared de cemento de uno de los mausoleos y oculté mi rostro entre mis brazos cruzados, volviendo a llorar.
Enterarme de que no era ni un ápice de pariente de los Lorenzetti o Smith me había dolido muchísimo, conllevando a que ahora me sintiera como que no pertenecía a nada en general ni en particular. Era un ente sin conexión con nadie o nada. Volví a llorar de frustración, rabia, depresión y otros sentimientos mezclados. Era tan injusto enterarme ahora que no era nadie, sólo Jamie. Seguí llorando, cuando escuché un ruido, sobresaltándome y girando la cabeza para saber de dónde venía el ruido, avistando a McLeod caminando hacía mí.
-[b]¿Tienes por costumbre matar de un infarto a las chicas, McLeod?[/b]- pregunté, ocultando mi voz rota.
– [b][i]Lo siento, te vi corriendo y pensé que la Iniciativa había dado contigo.[/i][/b]
Me sequé furtivamente las lágrimas, antes de responder.
– [b]Creo que si la Iniciativa hubiese dado conmigo, no me hubiesen visto jamás.[/b]
– [b][i]Me parecería raro que se expusiesen así para volver a capturar a uno sólo de nosotros, pero preferí no arriesgarme.[/i][/b] – McLeod está como si le faltasen fuerzas, decaído.
– [b]Ya…[/b]- murmuré con desgano. La verdad es que me importaba un pimiento y nada la Iniciativa. No creía que hubiese algo allí más doloroso que lo que estaba viviendo ahora.
– [b][i]¿Te encuentras bien?[/i][/b] – preguntó McLeod.
Cuando me preguntó aquello, opté mentalmente por mentirle, pero lo que salió de mis cuerdas vocales fue una carcajada realmente irónica, lo cual no combinaba muy bien con el esquema de un cementerio.
– [b][i]No hace falta que me lo cuentes a mí, ya que no me conoces demasiado. [/i][/b]- pausa. – [b][i]Pero debes contárselo a alguien, creéme, es lo mejor.[/i][/b]
Volví a reírme de la misma manera que antes, antes de mirarlo.
– [b]¿Que le cuente a alguien que Los Grandes Poderes están jugando conmigo? ¿Que le cuente a alguien que los Lorenzetti y los Smith no son mi real familia, ni siquiera mi propia sangre? ¿Que hay algo que no encaja conmigo? Dime, señor sabelotodo, ¿a quien se lo puedo contar?[/b]- espeté furiosa.
– [b][i] Mira, tienes una familia que te quiere, no importa que no tengáis la misma sangre, pero es tu familia.[/i][/b] – me miró a los ojos.
Negué con la cabeza, incorporándome con brusquedad, notando como si mi energía mágica estuviera a punto de explotar y la liberé causando que una losa de mármol con un grabado se agrietase mucho.
– [b]Da igual que me quieran o no, da igual que sean mi familia o no…me han mentido, me han…[/b]- volví a notar otro brote de energía mágica, consiguiendo agrietar un ángel de mármol de un mausoleo.-[b] Lo que me extraña es saber que soy bruja, pero no del clan Lorenzetti…¿cuántas probabilidades había de que me adoptasen sabiendo que iba a ser bruja?[/b]- estallé.
– [b][i]Eh, eh, tranquila. [/i][/b]- McLeod me sujetó por los hombros. – [b][i]Sé que lo que estás pasando por un momento muy difícil, pero debes centrarte, no puedes dejar que la magia circule a su antojo o terminará dominándote.[/i][/b] – siguió mirándome fijamente.
No supe porqué, pero cuando McLeod apenas posó sus manos en mis hombros, fue como si sintiera un cosquilleo y la magia diluyéndose. Y ni siquiera Nana podía conseguir aquello.
– [b]No sé…esto me ha descolocado entera…[/b]
– [b][i]Es normal, pero lo que necesitas es meditarlo todo con calma. [/i][/b]- dijo McLeod con voz serena. – [b][i]Piensalo de otra forma, tienes la oportunidad de conocer a tu familia biológica, y si no resulta bien, siempre tendrás otra familia que te apoyará siempre.[/i][/b] – pausa enfatizando. – [b][i]Pero si sale bien, tendrás mucha más familia en la que apoyarte.[/i][/b]
Suspiré, agotada mentalmente.
– [b]¿Quien sabe si vengo de una familia de brujas psicóticas?[/b]
– [b][i]O de una familia de brujas malvadas. [/i][/b]- McLeod puso ojos de miedo.
Levemente esbocé una sonrisa.
– [b]No tengo cara de niña mala.[/b]- rectifiqué.
– [b][i]La verdad es que no.[/i][/b] – me miró a los ojos como perdido en ellos.
– [b]Bueno…[/b]- murmuré incómoda.- [b]Mejor me voy.[/b]- anuncié. Necesitaba alejarme de McLeod, había algo que no me cuadraba de él y me ponía nerviosa.
– [b][i]Ten cuidado.[/i][/b] – se dio la vuelta para irse y al final se volvió y añadió. – [b][i]Ya verás como todo sale bien.[/i][/b] – y me guiñó un ojo y se fue caminando.
Me le quedé mirando, pensativa. Algo en el fondo me decía que nada iba a salir bien si me ponía a investigar la verdad; luego me recompuse y cuando miré el ángel del mausoleo, parpadeé sorprendida. Si eso hacía con mi poco nivel de magia, no quería saber qué haría con un nivel elevado. Me recorrió un escalofrío y decidí que era hora de salir del cementerio.
[spoiler]McLeod manejado por Dracon.[/spoiler]
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