Diario de Dante Villiers | Atico
NOCHE

Me levanté de la cama y me coloqué la ropa interior después de echar un vistazo a mis compañeras de cama, que dormían apaciblemente, hasta que al día siguiente se despertasen con una enorme resaca.
Mi genética no era demasiado predispuesta a las resacas, no había más que ver a mi padre. Pero aún así, decidí ir hasta la cocina y para prepararme un zumo detox siguiendo la receta de mi especialista.
Cerré la puerta de la habitación para que el sonido de la mezcladora no las despertase y me vi inmerso en la oscuridad del apartamento, tenuemente iluminado por la luz de la luna. El silencio lo devoraba todo y me hacía sentir incómodo, inquieto, como si me viese inmerso en la más absoluta soledad.
Caminé con la intención de encender solo una luz auxiliar de la cocina, y antes de llegar un escalofrío recorrió mi espalda cuando creí ver una sombra moverse en la terraza.
Instintivamente, cogí un cuchillo de la tacoma y me acerqué al teléfono. No era el primer fan acosador que intentaba colarse en mi apartamento desde la terraza, pero era extraño que a esas alturas no lo hubiese detectado nadie de seguridad. Había cámaras grabando los diferentes ángulos.
La sombra había desaparecido y por un momento, pensé que era cosa de mi cabeza, un miedo derivado del «respeto» a mi propio poder y a lo que había visto por culpa de él. Me tranquilicé a mí mismo y volví hacia la cocina, pero cuando encendí la luz auxiliar, vi claramente, recortada frente a uno de los ventanales que daban a la terraza, una forma humana.
Rodeé la barra y corrí hacia el teléfono, pero antes de llegar a él, todos los ventanales estallaron y una lluvia de cristales barrió el apartamento. Mi única reacción fue cubrirme tras el sofá mientras escuchaba el estruendo de los cristales al romperse.
Cuando se detuvo, permanecí oculto, esperando escuchar en cada instante el crujido de los cristales bajo las pisadas del atacante. Pero no lo escuché. Lo único que rompió el silencio, fue el sonido de la puerta de la habitación al abrirse y dejar salir a una de las chicas, de tez cobriza y pelo oscuro, llamada Sitala, que tenía el adorable poder de ser capaz de repetir cualquier movimiento que hubiese visto.
Ni siquiera tuve tiempo a gritar. Vi el rostro de horror de la chica al ver la escena y recordaré perfectamente su mueca de terror cuando se vio arrastrada volando hacia el atacante. Era un telekinético, es todo lo que recuerdo pensar, eso y que no podía quedarme escondido.
Salí de detrás del sofá y vi a la sombra sujetando a Sitala por el cuello. – [Dante]¡NO![/Dante] – grité, pero no sirvió de nada. La sombra, que tenía apariencia femenina ahora que la veía de cerca, siguió aferrándola hasta que dejó de moverse y cayó al suelo.
El miedo impidió que fuese a por ella y me mantuvo en mi posición, mirando a la atacante. – [JJ]No venía a por ella, pero ha sido un buen aperitivo.[/JJ] – dijo caminando lentamente hacia una zona más iluminada. Era una chica que aparentaba tener mi misma edad, pero sus ojos decían algo distinto. Era como un animal, implacable.
– [Dante]¿Qué quieres…por qué lo has hecho?[/Dante] – pregunté, mientras evaluaba mis vías de escape. Por su tranquilidad, parecía que lo tenía todo bajo control. Accedí al Omnilens y vi sus datos: Jane Williams. Artificial e hija de Moondies con el poder de matar a otros y robar sus poderes.
– [JJ]Porque podía. Aunque en realidad, venía a por tus alas.[/JJ] – respondió con una sonrisa tétrica. Intentó agarrarme con su telekinesis igual que había hecho con Sitala, pero instintivamente coloqué entre nosotros una pared de oscuridad y corrí hacia la terraza. – [JJ]Dos poderes por el precio de uno.[/JJ] – replicó a mi espalda, sin desistir. No conseguí detener un empujón de su telekinesis que me lanzó contra el borde de la terraza, pero conseguí ponerme en pie rápidamente y sin tiempo a pensar, me lancé al vacío.
Extendí las alas sin tiempo a mirar atrás y planeé con dificultad. Aterricé con demasiada velocidad y me torcí el tobillo derecho, cayendo de costado contra la carretera.
Intenté ponerme en pie mientras la veía descender lentamente usando la telekinesis. – [JJ]No eres lo bastante rápido.[/JJ] – sentenció cayendo cerca de mí.
Estaba muerto, definitivamente muerto, lo mirase por donde lo mirase, así que, sin nada que perder, decidí enfrentarme a un aspecto que me aterraba de mi propio poder y me dejé envolver por las sombras, de camino a la dimensión oscura de la que venía la oscuridad que manipulaba. Al menos así podría intentar sobrevivir.
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