Amy | Bosque
NOCHE

Era una mañana fría, pero soleada. El bosque rezumaba olores de invierno y los animales, a pesar de todo, parecían activos. Me gustaba sentir el frío en mi pelaje y cómo la hierba acariciaba mis patas a medida que iba ganando velocidad, pero cuando noté su olor, dejé de correr y adquirí mi forma humana, muy a mi pesar. Caminé desnuda hasta la zona en la que estaba mi ropa y vi a Leo, que esperaba con ella en la mano. Quizás tenía que haber sentido cierto pudor, pero es absurdo tener ese tipo de sensaciones cuando estás frente a la persona con la que creías que ibas a pasar el resto de tu vida.
Cuando me tendió la ropa, dejé escapar un gruñido, lo más parecido a un «gracias» que pude expresar y me vestí esperando a que me dijera para qué había venido. Me detuve a observar su coche, que era negro (como su alma) y sus ropas, que prácticamente eran negras también o eso me parecían a mí. – [Leo]¿Necesitabas despejar?[/Leo] – me preguntó, en un tono demasiado conciliador. Seguramente, quisiera algo.
– [Amy]Cada vez soporto menos mi forma humana[/Amy].- me pasé las palmas de las manos por los vaqueros y evité su mirada. Aunque él quisiera disimularlo, había rencor entre nosotros y la sensación de que nos habíamos dejado muchas cosas por decir.
– [Leo]No puedes ser una loba eternamente.[/Leo] – comentó. Una vez más, me estaba juzgando.
– [Amy]¿Has venido a darme consejos?[/Amy]- le corté con rapidez. Si seguía poniéndome nerviosa, volvería con mi manada.
– [Leo]No[/Leo].- respondió de forma seca.- [Leo]He venido a darte un mensaje de Noah: tu hermana ha tenido una visión con un recién llegado.[/Leo] -«mi hermana», «Noah», todo lo que me ataba a mi forma humana cada vez me daba más pereza.
– [Amy]Gracias[/Amy]. espeté sin más- [Amy]¿Y te han enviado a ti?[/Amy]- me crucé de brazos, claramente a la defensiva.
– [Leo]Noah vino a verme. Ya estaba demasiado vigilado como para venir.[/Leo] – aseguró. Mi fijé en la distancia que había entre nosotros. Leo había sido mi mejor amigo, mi primer amor y la única persona por la que había estado tan loca que casarme me había parecido una buena idea. – [Leo]No es tan sospechoso que venga a ver a mi ex-mujer.[/Leo] – admitió y noté una punzada de amargura. Lo dijo clavando sus ojos verdes en los míos, pero esta vez no sentí nada. Lo nuestro estaba muerto.
– [Amy]Ya me has dado el mensaje[/Amy].- enarqué una ceja.
– [Leo]Ya, bueno. Me alegro de verte, Ams.[/Leo] – casi me lo creí.
– [Amy]No mientas, Leo. No te alegras de verme[/Amy].- lo solté con amargura. Entre nosotros, no podía ser de otra forma. Supongo que debería explicar qué pasó entre nosotros, pero simplemente un día nos despertamos y nos dimos cuenta de que el sueño se había terminado.
– [Leo]No quiero volver a discutir.[/Leo] – aseguró, intentando no perder la paciencia – [Leo]Que las cosas no nos fueran bien no cambia el hecho de que te siga teniendo cariño.[/Leo]
– [Amy]Cariño…[/Amy]- repetí su última palabra. Casi la mastiqué.
– [Leo]Ya sabes a lo que me refiero.[/Leo] – quiso explicarse.
– [Amy]Nunca sé a lo que te refieres[/Amy].- le aclaré.- [Amy]Si no te entiendes ni tú[/Amy].
Suspiró, negando con la cabeza – [Leo]Nos distanciamos por algo muy básico, no porque no te quisiera.[/Leo] – no pensaba escuchar otra vez lo que ya sabía, por lo que me quedé callada.- [Leo]Es inútil hablar ya de esto.[/Leo] – al menos, estábamos de acuerdo en eso. – [Leo]Pensé que estaría bien hablar antes de que empiece todo.[/Leo] – sabía que se refería a «ese plan».
– [Amy]No creo que valga de nada hablar a estas alturas de algo que está muerto[/Amy].- puntualicé, volviéndome a llevar la conversación a mi terreno.
Él asintió ligeramente, sin saber qué decir. – [Amy]Nos vemos[/Amy].- volví a desnudarme y doblé la ropa para dejarla en el sitio de siempre. Mi apariencia humana ya había dado bastante de sí por ese día.
– [Leo]Adiós Ams.[/Leo]- se dio la vuelta y se subió en su coche.
Supongo que me echaba de menos. Y quizás, yo a él, pero ya era demasiado tarde.
«Vengo a decirte lo mismo
que tantas veces te he dicho,
eso que poco me cuesta
y que tú nunca has oído.
Pequeña de las dudas infinitas,
aquí estaré esperando mientras viva.»
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